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El Comportamiento Lumbricoide en el Cholo

 

Para la información de cualquier cholo que se encuentre leyendo esta página (a pesar de que está claro que no debería estar haciéndolo, pero el cholo nunca hace lo que se le dice; con ellos, al igual que con el infante, hay que usar la psicología inversa: cholos, lean todo lo que escribo, por favor), etimológicamente “lumbricoide” quiere decir “similar a la lombriz”. “¿Y cómo se comporta la lombriz?”, podrían preguntarse, en su ignorancia, mis lectores. Y El Maestro responde: el instinto de la lombriz le manda meterse en cualquier hueco que encuentre. A excepción de los cholos, mis lectores ya deben haber identificado este comportamiento en la mayoría de la población peruana. Los cholos, si pudieran pensar y expresarse correctamente, me preguntarían: “¿Y yo cuándo he mostrado semejante comportamiento, Maestro?”* Y mi respuesta para ese cholo imaginario es la siguiente: siempre. Todos los aspectos de la vida del cholo están influenciados por el instinto lumbricoide. A continuación presento unos cuantos ejemplos.

 

Ejemplo 1: El cholo en su carro

 

¿Se han fijado que en una pista de tres carriles usualmente hay cinco filas de carros? Y la razón es siempre la misma. Los cholos. Cuando un cholo ve que hay un espacio entre otros dos vehículos, el instinto lo guiará a meterse en este espacio, independientemente de si lo va a dejar atascado entre dos buses y un camión malogrado o si se está dirigiendo hacia el otro lado (y con frecuencia también independientemente de si su auto cabe en este espacio). Este comportamiento se manifiesta también en los lugares de estacionamiento. Un cholo, incapaz de pensar más allá de su propia oligofrénica existencia, nunca podrá dejar vacío el lugar reservado para minusválidos. En mi inmensa sabiduría, he podido dar con la respuesta a este problema: apedrear a todos los cholos hasta dejarlos lisiados. Así, la próxima vez que se estacionen en un lugar para minusválidos tendrán todo el derecho.

 

Ejemplo 2: El cholo ratero (¿los hay de otro tipo?)

 

La teoría del comportamiento lumbricoide (aunque por provenir de mí más bien es un axioma) explica también el hecho de que los cholos sean grandes amigos de lo ajeno. Al ver el orificio de entrada hacia un bolsillo, cartera o residencia, no pueden evitar introducir en ellos tanto de su mugroso cuerpo como sea posible. La diferencia entre el cholo y la lombriz en este aspecto es que el cholo abrirá sus propios agujeros cuando no encuentre ninguno. Tan respetable como es la teoría de que el cholo (como la paloma) no puede distinguir los vidrios y por eso, en su afán de tomar una radio o un celular, rompe y atraviesa accidentalmente las lunas de los autos, la mera verdad es que los cholos en conjunto aprendieron, a la mala y hace ya varios años, que muchos aparentes agujeros no lo son en realidad (al menos no los son hasta que se les enfrente con la bujía). Mis felicitaciones a los grandes pensadores cholos por tan sorprendente descubrimiento.

 

Ejemplo 3: El cholo igualado

 

Cuando el cholo ignora su condición, es común que trate de ingresar a locales reservados para gente decente. Y el problema es que cuando el cholo ve una puerta abierta, no puede alojar en su microscópica capacidad cognoscitiva la idea de que no pueda pasar a través de ella. Cholos: las personas vivimos en una sociedad con reglas. Cuando vean una puerta abierta, si no conduce a su madriguera, fíjense bien a su alrededor. Si ven algo parecido a esto:

 

¡ATENCIÓN!

RESIDENCIA VIGILADA

¡CUIDADO!

CERCO ELÉCTRICO

SE RESERVA EL DERECHO DE ADMISIÓN

La Dirección

 

quiere decir que no pueden entrar sin permiso del dueño. Y si el dueño no quiere que entres, no entras. Y punto. Yo no llevo cholos a mi casa y nadie me multa por eso. “Se reserva el derecho de admisión” porque, siendo una propiedad privada, nadie tiene el derecho de entrar sino hasta que es invitado por el dueño. Sé perfectamente que los cholos no son buenos con las palabras, por lo que he traducido estas palabras a una versión gráfica:

 

 

Algún cholo se preguntará: “¿Pero cómo saben que voy a hacer eso, si no me conocen?”* Mi perro orina en el inodoro y jala la palanca. Pero cualquier persona, y con mucha razón, prefiere que el perro no entre a su local, pues la mayoría de los perros no han aprendido este comportamiento socialmente aceptable (para los humanos, no para los perros). Fuera del hecho de que pocos cholos saben orinar dentro de la taza y ninguno jala la palanca, hay muchas razones por las que los dueños no querrán permitir el ingreso de indígenas en su local (sí, dije indígenas, no cholos; ver más adelante, y ver Preguntas Frecuentes). Los clientes no aprecian que haya cholo escupiendo en el piso a su lado, ni les gusta que haya un idiota vociferando y pidiendo chicha y perreo, y prefieren que no haya cholos ebrios rompiendo botellas y amenazando con “sacar chimpún” porque, según él, “miraste a su hembrita” (si lo hiciste, fue por una desagradable casualidad o por simple curiosidad médica). Como en un país como el nuestro no hay dinero para contratar gran cantidad de seguridad, una buena (y económica) manera de evitar percances es impedir el ingreso de aborígenes a estos locales. El número de cholos con los que habrá que lidiar será mucho menor luego de filtrados los indígenas. Además, ¿por qué tanto empeño por parte de los cholos para ingresar a estos centros, habiendo tantas polladas, salsódromos, chichódromos, movidas, turbofiestas y lugares para bailar el perreo en espuma? Es bien conocido el número de tiroteos, acuchillamientos y otros incidentes que se producen en estos establecimientos. ¿Por qué llevar eso a los negocios de personas inocentes? El estado toma medidas similares en cuanto a la conducción de vehículos bajo efecto del alcohol. No todas las personas con alcohol en la sangre van a causar un accidente, pero es preferible no dejarles manejar porque estadísticamente causan más accidentes. De la misma manera, estadísticamente los indígenas en el Perú son más pronos a este tipo de conducta. Por ende, si eres uno de esos pocos indígenas que no son cholos, no te ofendas la próxima vez que te nieguen el ingreso a un local. Es por la seguridad de todos.

 

Después de esta disertación, el lector se habrá quedado con una duda. ¿Qué es peor entonces, los cholos o los gusanos? Para ayudarle a formar una buena opinión, presento a continuación dos cuadros comparando al cholo con dos gusanos distintos: la lombriz común, Lumbricus terrestris, y un parásito intestinal, Ascaris lumbricoides.

 

Lumbricus terrestris

 

 

Cholo

Vive en la mugre tranquilamente.

ü

X

Vive en la mugre pero hace huelgas.

Se mete en los espacios bajo la tierra.

ü

X

Se mete en los espacios entre los carros.

No tiene saliva ni flema.

ü

X

Escupe en todos lados.

Es aburrida.

X

ü

Es divertido ver las cojudeces que hace.

Se come tu basura y caga en el jardín, fertilizando las plantas.

ü

X

Se come tu basura y caga en la calle, embarrándote la taba.

Vive por sus propios medios.

ü

X

Vive de tus impuestos.

 

Ascaris lumbricoides

 

 

Cholo

Se mete en tu intestino.

X

X

Se mete en tu casa.

Malogra el tránsito intestinal.

X

X

Malogra el tránsito vehicular.

Causa náusea e indigestión.

X

X

Causa náusea e indigestión.

Se caga dentro de ti, inofensivamente.

ü

X

Se caga en todo el mundo, jodiendo.

Es difícil detectar su presencia.

X

ü

Su hedor los delata.

Se mata fácilmente.

ü

X

Aguanta golpe.

 

¿Es justo que estos parásitos compartan la especie Homo sapiens con nosotros, cuando de “sapiens” no tienen nada? No. Por eso propongo una nueva especie para clasificar filológicamente al cholo: Homo lumbricoides. Algún cholo, mostrando un atisbo de cultura, podría señalar*: “Pero a mí me han dicho que si un individuo es capaz de cruzarse con otro y producir descendencia fértil entonces estos dos son de la misma especie…” Mi respuesta: cállate, cholo imbécil. El perro doméstico, Canis domesticus, y el lobo, Canis lupus, pueden cruzarse y producir cría fértil.

 

© 2004, El Maestro