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Racismo vs. Realismo

Muchas personas me han comentado (favorable o desfavorablemente) acerca del “giro” que ha tomado mi página. Dicen que es racista, que se contradice con la página de preguntas frecuentes, que es obvio que mi odio es netamente racial. A ellos les digo: cállense, cholos estúpidos. Por si no se han dado el trabajo (esto es para todos los cholos, quienes detestan el trabajo) de leer mi página principal, yo no cometo errores. Y si no cometo errores, es imposible que me contradiga. Conclusión: Son estos sujetos, entonces, los que carecen de la capacidad de comprensión que se requiere para entender mis ideas, tanto más si las explico en pocas palabras. Para ellos hago esta aclaración.

No soy racista. Soy realista. Mis ideas se basan en la observación de la realidad. Si noto que un tipo de conducta es de más alta incidencia en una raza, asumo que hay una asociación. Si ésta es lo bastante común (como lo es), entonces es posible generalizar. Esta generalización influye solo en mi reacción inicial para con el sujeto. Lo que pase después depende únicamente de este. Si es indígena y no es cholo, lo respeto. Si no es indígena pero es cholo, lo trato como tal. No guardo un prejuicio propiamente dicho contra la raza, sino una respuesta condicionada y aprendida a través de años de haber observado la relación indígena-cholo.

¿Pero por qué? ¿Por qué se observa tanto esta conducta en los indígenas? No lo negaré: la razón es genética. He llegado a la conclusión de que hay un gen de la choledad. O, mejor dicho, un conjunto de genes contiguos, localizados en el brazo largo del cromosoma 15 (15q). Lo ilustro a continuación:

15q.GIF, 3286 bytes

TOL: Gen de la mentira compulsiva. WEV: Gen inhibidor del desarrollo intelectual. HUA: Gen supresor del buen gusto. LUM: Gen del comportamiento lumbricoide. LEM1: Gen del instinto autodestructivo programado. MIE: Gen del rechazo a la higiene y la limpieza. LEM2: Gen incapacitante del juicio racional. PEN: Gen invertidor de órdenes.

Estos genes (de dominancia incompleta) están presentes en todos los humanos. Las personas los tienen en su variante “x” (TOL-x, WEV-x, etc.), inactiva, mientras que los cholos tienen la variante “ch” (TOL-ch, WEV-ch, etc.), que es la variante activa. De esta manera, toda clase de combinaciones es posible, dependiendo de cuales genes son heredados. Lo que es más, una ligera mutación puede inactivar estos genes, dando raíz a que el hijo de dos cholos completos tenga genética de persona. Y puede suceder lo opuesto, es decir, una mutación puede activar el gen en una persona sin ascendencia indígena.

¿Y la sociedad? ¿No tiene la sociedad nada que ver? Claro que sí. Aún en posesión de la variedad activa del gen la persona no necesariamente desarrolla la característica. Para que esto suceda, se necesita la influencia del ambiente. Es decir, el gen hace que la persona sea más propensa a la cholería, pero quien determina la aparición del rasgo es el ambiente.

Imaginemos un cholo cualquiera. Llamémosle Jhonnhatahn Estif Chuquihuanca Cumañaupi. Llamémosle Carlitos. Carlitos ha heredado de sus padres el juego completo de genes “ch”. Sin embargo, Carlitos ha vivido toda su vida en Madrid (sus padres entraron ilegalmente, lo parieron ahí, y lo dejaron en un basurero antes de ser deportados; una pareja de españoles lo encontró y lo adoptó, desde entonces es Carlos Antonio Rodríguez Díaz), por lo que sus genes “ch” están dormidos. Carlitos se halla en un estado al que he denominado “choledad latente”. Carlitos es ahora un exitoso abogado en Madrid, está comprometido (se casa en enero) y es muy popular entre sus amigos. Lo único que le molesta es que su tipo racial le ha traído unos cuantos disgustos debido a ciertos prejuicios contra los “sudacas”. Decidido a comprobar si quienes lo discriminan tienen algún sustento, se toma unas vacaciones y emprende su viaje a Perú.

Luego de llegar y salir del aeropuerto, Carlitos empezaba a sentirse distinto. El olor del taxista que lo estaba llevando a su hotel traía a su mente ancestrales recuerdos impresos en su memoria genética. Las barbaridades que cometía al volante el chofer del Tico, que inicialmente le parecían insensatas, ahora empezaban a tener, gradualmente, una suerte de lógica indescriptible. “Hay un hueco, nos metemos por ahí. Otro hueco, nos metemos por ahí también. Tiene sentido. ¿Pero por qué?”, pensaba Carlitos durante todo el viaje. Mientras tanto, en cada célula del cuerpo de Carlos Antonio Rodríguez Díaz, en el brazo largo de cada cromosoma 15, el gen LUM-Ch salía de su letargo.

Podría continuar la historia de Carlitos (lo haré si suficiente gente me lo pide), pero creo que cualquiera puede anticipar el final de esta historia: Carlitos despierta cada uno de sus genes dormidos, es abandonado por su prometida (a larga distancia), es despedido de su trabajo (a larga distancia también), se instala con un puesto de discos piratas a la espalda de la Indecopi y con mucho esfuerzo construye una casita justo al lado del río Rímac (muy práctico para lavar la ropa y arrojar los desperdicios, aunque el río estará en crecida en un par de meses). El punto es que esta historia sirve para ilustrar las principales ideas que he expuesto. Si hasta ahora no entiendes, es por acción de tu gen WEV-Ch. No puedo luchar contra la genética. ¿No entiendes el insulto? Quise decir cholo.

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