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¿Cuánto Vale la Vida de un Cholo?

No les interesa su vida, y con razón.

Se dice que cada quién sabe cuánto vale. Al menos en el caso de los cholos, esto es muy cierto: ellos saben que su vida no vale nada. Es muy simple darse cuenta de esto, pues a pesar de que el hombre ha inventado toda suerte de leyes y accesorios para resguardar su propia vida, el cholo se rehusa a usar cualquier implemento o acatar cualquier regla que pueda prolongar su lamentable existencia. Y es que la naturaleza es sabia, y cuando comete un error sabe cómo arreglarlo. Por eso, a través de sus propios genes defectuosos, intenta destruir su monstruosa creación. Esta es la verdad detrás del instinto suicida del cholo.

A continuación expongo mi punto en una tabla comparativa que ilustra la diferencia en el significado y uso de ciertas medidas de seguridad por blancos y por cholos.

Uso Blanco Cholo
Casco Protege la bóveda craneana y su contenido Muy práctico para pedir limosna
Puente peatonal Para cruzar la pista sin arriesgar la vida Proporciona sombra a quien cruza por debajo
Médico Profesional con gran entrenamiento científico en el campo de la salud, con un título a nombre de la nación que le autoriza a tratar a las personas enfermas Farmacéutico/Hierbero/Chamán
Cruce peatonal Lugar seguro y legal por donde cruzar la pista Rayitas blancas en la pista donde puede detener el auto mientras espera para pasarse la luz roja
Condón Método de barrera que previene el embarazo no deseado y las enfermedades de transmisión sexual Globos que regalan en algunas charlas; o un plástico que se puede poner en la chula para no sentir nada (o, si por casualidad eres Héctor Chávez Chuchón, una falta de respeto a tu dignidad)
Cinturón de seguridad Práctico invento que reduce en un 60% la fatalidades y daño físico en la eventualidad de choques Banda de tela que venden los ambulantes, que debe ir desde la pared lateral interna del auto, cruzar el pecho del tripulante e insertarse en el bolsillo del lado opuesto, con la finalidad de evitar multas.

¿Es posible cuantificar el valor del la vida? Podemos intentarlo, de la mano de El Maestro. Analicemos, primero, económicamente. En el Perú, el 90% de la recaudación tributaria es aportada por 40 personas, inevitablemente blancas. En el otro 10%, hay aproximadamente un 8% de blancos (la cifra oficial es de 15%, pero esto incluye "predominantemente caucásicos", que son cholos al fin), y un 2% de asiáticos, quienes pagan impuestos. De los cholos, aproximadamente un 10% pagan impuestos (esta cifra está basada en la cantidad de sanciones por evasión de impuestos, asumiendo que quienes han sido sancionados ahora pagan). Así que de una población que es 82% amerindia/mestiza (según las cifras oficiales), solo 1% de los impuestos son aportados por estas etnias. ¿Quién, entonces, vale más para el país?

Intentémoslo ahora desde un punto de vista 100% moral. Si el cholo, por naturaleza, quiere acabar con su vida, debe haber una razón. Y la razón es que, en el fondo, todas las criaturas buscan un balance en el ecosistema. Bajo la cromatina de sus malformes cromosomas, los cholos tienen el recuerdo genético de un tiempo en que ellos eran felices pastando sus llamas, y el hombre blanco era feliz haciendo cosas de persona. Ellos quieren autodestruirse antes de que destruyan nuestro ecosistema. ¿Por qué no permitirlo? Como los lemmings (Lemmus lemmus) del mito nórdico, la población de cholos debe arrojarse en masa al vacío cada cierto tiempo para controlar la población. No hay razón para interferir con un fenómeno biológico normal.

Hablando del mito del lemming (falsamente acusado de lanzarse al vacío siguiendo al líder), es posible que el cholo sea el nuevo representante de este comportamiento. ¿Han observado que siempre hay un líder en este tipo de acciones? Cuando un cholo comete una infracción, automáticamente los otros cholos empiezan a imitarlo, lo que sugiere una profunda base instintiva para este comportamiento. ¿Acaso la gente que cree que los lemmings se suicidan en masa intenta detenerlos? No. Lo acepta como lo que es: un fenómeno natural (ficticio, por cierto, por si algún cholo aún no lo entiende). Por lo tanto, la próxima vez que estés manejando en medio de una avenida, con luz verde, y un cholo se tire enfrente de tu carro tratando de cruzar por el medio de la pista (y con esa sonrisa tan irritante), ayúdalo a cumplir con su propósito genético: acelera y disfrútalo.

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